El debate por las visas de Estados Unidos, que tiene en vilo al gobierno de Gustavo Petro, llegó hasta las filas del Pacto Histórico. Esta vez fue Gustavo Bolívar, exsenador y precandidato presidencial, quien se desmarcó del discurso oficial y aseguró que no está dispuesto a entregar la suya, pese a su cercanía política y personal con el mandatario.
En entrevista con Caracol Radio, Bolívar dijo que no se cerraría solo las puertas de ese país: “Por ningún motivo. Son cosas distintas. Yo tengo un hijo en Estados Unidos. Eso sería renunciar a mi hijo. Yo por Petro he renunciado a mil cosas, pero a un hijo tampoco. Hasta allá no me llega el fanatismo”.
Así mismo, explicó que sus visitas frecuentes al país norteamericano son para estar con su hijo, y que ese lazo familiar no puede ponerse en juego.
“Necesito ir a abrazar a mi hijo cada mes o cada quince días. Las personas que por algún motivo abandonan a sus familias están cometiendo un error muy grande. Yo sigo sacrificando por Petro lo que me toque: capital, tiempo, tranquilidad, lo que sea. Pero a la familia no. Eso no tiene ninguna presentación”, agregó Bolívar.
Estas palabras contrastan con la postura de varios ministros y funcionarios que en los últimos días renunciaron a sus visas como gesto de respaldo a Petro, luego de que el Departamento de Estado cancelara la del propio presidente, además de la del ministro de Minas, Edwin Palma; y la de la directora del Dapre, Angie Rodríguez; y la del ministro de Igualdad, Juan Carlos Florián. Entre quienes renunciaron al documento están el secretario jurídico de Presidencia, Augusto Ocampo; la canciller Rosa Villavicencio y el ministro de Hacienda, Germán Ávila.
«Ya no tengo visa… no me importa»: Petro patalea tras decisión de negarle la entrada a EE. UU.
El ministro del Interior, Armando Benedetti, incluso planteó que todo el gabinete renuncie a sus visas, idea que recibió eco en el Palacio de Nariño. Petro, por su parte, elogió a los funcionarios que ya no cuentan con este documento, asegurando que “nos llena de orgullo no tener la visa de un país, cuyo gobierno apoya un genocidio”.
