En Villavicencio se perdió mucho más que un campeonato. Perdió la oportunidad de mostrarse ante el continente, de ver su nueva pista atlética —certificada por la World Athletics— convertida en escenario del talento juvenil de 30 países. El Campeonato Nacional U20 de Atletismo, programado del 26 al 28 de septiembre de 2025, terminó siendo trasladado a Bogotá por la contingencia en la vía al Llano.
Se estima que el Meta dejó de percibir más de 12.500 millones de pesos en hotelería, restaurantes, transporte, guías, servicios turísticos, traductores y logística. Una pérdida directa para una región que tiene la infraestructura y se había preparado. Pero lo más grave no está en los números, sino en la sensación de abandono que se repite cada vez que la montaña de la vía al Llano se cae y el Gobierno Nacional promete más de lo que cumple.
Hace un mes, el derrumbe en el kilómetro 18 volvió a aislar al Llano. Las filas de camiones se hicieron interminables, los alimentos se encarecieron, los viajes se duplicaron en tiempo y costo, y los transportadores protestan sin respuestas claras. Mientras tanto, el gobierno de Gustavo Petro repite la historia de los anuncios millonarios y los planes sin ejecución.
Se habla de 224.000 millones para la recuperación de la vía en 2025 —de eso, no se sabe nada—. Pero en terreno, la realidad es la misma: cierres intermitentes, desvíos, improvisación. Son cifras que suenan bien en los discursos y se pierden en los comunicados de prensa.
La historia es aún más larga. En enero de 2022, cuando era candidato, Petro prometió en Villavicencio que la solución al abuso financiero de la vía era un ferrocarril que conectaría los llanos con el centro del país y la costa. Tres años después, no existe ni un solo estudio técnico financiado por su Gobierno que demuestre la viabilidad de ese proyecto. Palabras, otra vez. En febrero de 2024, ya como presidente, reunió a gobernadores y alcaldes para prometer 383.000 millones de pesos destinados a 16 puntos críticos de los 170 identificados de la vía Bogotá – Villavicencio. Nada cambió.
El resultado de tanto anuncio incumplido es tangible: eventos cancelados, economías frenadas, productores atrapados en la cordillera y una región condenada a la incertidumbre. Villavicencio se quedó sin su Panamericano y el Meta sin su oportunidad de mostrarse ante el mundo, todo porque la vía que lo conecta con el país sigue siendo una herida abierta.
La crítica no es al clima, ni a la geografía. Es al abandono. A la politiquería que convierte cada derrumbe en una rueda de prensa. Al Gobierno Nacional que promete con estrado y micrófono, pero olvida con el silencio de la gestión. El Meta no perdió por un alud, perdió porque Gustavo Petro y su administración han preferido anunciar en lugar de actuar.
No perdió la Gobernación, perdió la Orinoquía, el Meta. Y mientras las rocas caen y la tierra se desmorona, con ella también se desmoronan las promesas de un gobierno que es solo discursos cargados de cifras —algunas infladas, como es normal ver y escuchar—, de promesas, de ferrocarril, de gran vía, de mega proyecto. Porque sabe que esas palabras, por sí solas, no reconstruyen una carretera, no aseguran una cita internacional, no recuperan los empleos perdidos, ni el ánimo de quienes ya se sienten marginados.
