El panorama fue distinto en ciudades como Quibdó, que llegó a 23,9 % y se mantuvo como la capital con la mayor desocupación del país. Sincelejo registró 12,3 % y Riohacha 12,2 %, dos cifras que reflejan la presión de la informalidad y la desaceleración económica, factores que siguen limitando la capacidad de sus mercados laborales para absorber mano de obra.
A nivel nacional, la desocupación llegó a 8,2 % en octubre, una reducción de 0,9 puntos frente al mismo mes de 2024. El número de ocupados aumentó en 977.000 personas y la tasa de participación laboral alcanzó 65 %. La mejora general, sin embargo, no se distribuyó de manera uniforme. La brecha entre hombres y mujeres se mantuvo amplia y llegó a 4,6 puntos porcentuales, mientras la informalidad subió a 56,1 %, una señal que sigue siendo motivo de preocupación para las principales ciudades.
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Los sectores con mayor creación de empleo fueron Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca, que añadió 347.000 ocupados. Alojamiento y servicios de comida aumentó en 279.000 y transporte y almacenamiento sumó 231.000. El comercio y la reparación de vehículos, en contraste, perdió 221.000 puestos de trabajo.
En medio de ese escenario, el resultado de Villavicencio se destacó por encima del resto. Su capacidad para sostener la ocupación y mantener la desocupación por debajo de otras capitales la ubicó como la ciudad con el mercado laboral más estable del país en el cierre de 2025.