Entre victimización, refinería fallida y olvido: la candidatura de Alan Jara para reescribir su historia
-
viveelmeta.com
- Publicado en Ene 25, 2026
- Política
Para muchos en el Meta, la candidatura de Alan Jara no representa una novedad ni una esperanza, sino el intento de revivir un proyecto político que ya fracasó. Su aspiración al Senado aparece más como una estrategia de reposicionamiento personal que como una propuesta real para representar a los metenses en el Congreso. Lo mismo ocurrió con Llanopetrol: un proyecto ambicioso en el discurso, pero fallido en la realidad.
Durante su paso por la Gobernación del Meta (2012–2015), se ideó, promovió y estructuró la llamada refinería del Meta, un proyecto que nunca arrancó y que hoy es recordado como uno de los mayores fracasos administrativos del departamento. Sin embargo, Alan Jara ha optado por un relato en el que se presenta como víctima, deslindándose de responsabilidades y trasladando las culpas a los gobiernos posteriores. En entrevistas y apariciones públicas insiste en que “dejó todo listo”, aunque para muchos el proyecto nació muerto y jamás pasó del papel.
Su gobierno también dejó otros cuestionamientos, como el escándalo de los cursos de inglés, entre varios episodios que alimentaron la percepción de una administración más concentrada en formular que en ejecutar. Por eso, para una parte importante de la ciudadanía, su mandato figura entre los más débiles de los últimos años en el Meta.
En el plano político, Jara pasó de ser un líder liberal reconocido a terminar relegado en la cola del Partido Verde, tras salir enfrentado de su colectividad de origen. Hoy, su campaña parece tener dos objetivos claros: el primero, lavar su imagen y reescribir su pasado político bajo la narrativa de la persecución y la injusticia; el segundo, no ganar una curul, sino dividir el electorado metense para evitar que otros candidatos del departamento lleguen al Senado.
Detrás de esa estrategia, señalan que hay varios sectores políticos. Su interés no sería fortalecer la representación llanera en el Congreso, sino mantener concentrado el poder regional, evitando que surjan nuevas figuras que cuestionen sus espacios de influencia en entidades clave del departamento.
La campaña de Alan Jara, más que electoral, parece mediática. Se enfoca en la victimización, en la exposición familiar —incluyendo a su hijo como recurso emocional— y en una operación de “latonería y pintura” para su nombre. Todo apunta a recuperar prestigio y capital político de cara a futuras elecciones locales y departamentales, más que a asumir responsabilidades, pedir disculpas o reconocer errores. En lugar de una autocrítica sincera, persiste la negación. Y para muchos metenses, la memoria sigue intacta.