El ocaso del «jaguar»: El animal que quedó sin reino y sin manada
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Fernando Betancourt
- Publicado en Jul 05, 2026
- Opinión
En política también existe la selva. Allí abundan los rugidos, las alianzas, las emboscadas y los animales que creen haber nacido para mandar. Algunos llegan convencidos de que su sola presencia basta para imponer respeto. Otros descubren, demasiado tarde, que el poder no se mide por el tamaño del rugido, sino por los resultados que dejan sus pasos.
Hace unas semanas apareció un jaguar en Villavicencio. Se presentó como la gran apuesta para enfrentar al Tigre en una de las batallas políticas más importantes del país. El propio felino aseguraba que era su momento y que, tenía la tarea de remontar y ganar, y además, que haría el mejor trabajo de su vida. Incluso dejó entrever que, de no estar “maniatado”, la historia habría sido distinta.
Pero las urnas escribieron otro desenlace.
En esta alegoría, el jaguar apostó todas sus fuerzas a una sola cacería. Incluso desafió al león, anunciándole que las horas de su reinado en la selva estaban contadas. Sin embargo, la expedición terminó muy distinta a como la imaginó: el jaguar regresó con las garras vacías. La presa nunca llegó y aquel rugido, que prometía sacudir la selva, terminó perdiéndose en el silencio de la derrota.
Lo llamativo es que ese episodio no parece aislado.
Antes hubo otras expediciones. Una en la Universidad de los Llanos, donde las fichas que impulsó no alcanzaron el objetivo. Otra en la elección de la rectoría, con un resultado similar. Después vino la disputa alrededor de Cormacarena, donde, pese a los movimientos políticos y jurídicos que rodearon el proceso, el tablero terminó favoreciendo a otros.
También hubo una apuesta para sacar del camino a la gobernadora del Meta mediante un proceso judicial. La decisión final no acompañó esa pretensión y la mandataria conservó su cargo.
Más adelante llegó la Cámara de Representantes. Una primera carta quedó fuera del tablero y el respaldo se trasladó a otro animal de la selva; una hiena, cuya elección hoy enfrenta un proceso judicial. Será el Consejo de Estado, y nadie más, quien determine su futuro. Pero si esa hiena llegara a caer, el proyecto político del jaguar perdería casí todos sus animales en el Meta.
Mientras tanto, el jaguar tampoco deja de mirar por el retrovisor. Diversos organismos de control han adelantado actuaciones relacionadas con decisiones de su gestión pública. En una democracia, los procesos no sustituyen las sentencias. Sin embargo, en política las percepciones también pesan.
Por eso la imagen del jaguar resulta tan sugestiva. Un animal que llegó convencido de dominar la selva podría terminar contemplando un paisaje muy distinto: sin la Presidencia que ayudó a buscar, sin las fichas que quiso mover, sin varias de las conquistas que persiguió y con un camino cada vez más estrecho.
En el común denominador hay un dicho que resume esas historias en las que la ambición termina dejando las manos vacías: sin el reino y sin la selva.
Ahora la conversación gira hacia un nuevo desafío. Se habla de una eventual aspiración a la Gobernación del Meta. Nadie puede anticipar el futuro de una elección, porque eso lo decidirán los ciudadanos cuando llegue el momento. Pero la metáfora deja una pregunta abierta.
¿Le alcanzará el linaje al jaguar para volver a conquistar la selva, o los rugidos de semanas atrás ya no bastarán para convencer a una manada que suele recordar más las victorias que las promesas?
Al fin y al cabo, la política tiene una ley que nunca pasa de moda: los cargos son prestados, el poder es pasajero y los resultados siempre terminan hablando más duro que los discursos.