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Opinión

El Meta, un Departamento Rico con Gente Pobre.

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El departamento del Meta es el mayor productor de petróleo del país; cuenta con importantes reservas de gas natural; dispone de más de un millón de hectáreas para la agricultura; abundantes recursos hídricos y biodiversidad representada en más de siete mil especies de fauna y flora que lo proyectan como un destino turístico de talla mundial; un alto porcentaje de la población en edad de trabajar; mano de obra calificada gracias a la presencia de una veintena de universidades y centros de formación técnica y tecnológica; ubicación geoestratégica que le permite acceder a un mercado de más de ocho millones de consumidores a tan solo 90 km y ser el centro de comercio más importante de la Orinoquia; un alto potencial eólico y solar para proveer de energías renovables al país; clima de dos estaciones y abundantes precipitaciones que permiten la producción agrícola durante los 12 meses del año; entre otros factores que la convierten en una de las regiones con mayores ventajas comparativas de América Latina.

A pesar de este panorama que nos llevaría a pensar que la población cuenta con las mejores condiciones de vida, la realidad es que en el Departamento del Meta habitan más de 230 mil personas en la pobreza y otras 60 mil en la pobreza extrema; con altos índices de desnutrición y mortalidad infantil por falta de acceso a alimentos y por enfermedades prevenibles; altas tasas de desempleo, informalidad y precariedad laboral; inseguridad, problemas de movilidad y escasa infraestructura en los centros urbanos; educación de baja calidad, escasa cobertura rural y barreras de acceso a la educación superior; déficit de vivienda urbana y rural; un alto índice de pobreza multidimensional rural superior al 75% en más de la mitad de los municipios; entre otros graves problemas que hace que mucho ciudadanos lleven una vida de miseria y desesperanza en medio de la riqueza de la región.

Aunque existen diversos factores que han generado dicha situación, como el conflicto armado y el abandono del Estado, también es cierto que ha existido una pésima gestión del desarrollo desde el ámbito local en los últimos años. De acuerdo al Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard, el Departamento del Meta presenta una de las estructuras productivas con menor nivel de complejidad del país, lo que no permite avances significativos en el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, toda vez que la economía no genera la riqueza y empleos necesarios para absorber la mano de obra disponible.

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Datlas Meta

Es inexplicable que en una región de vocación agrícola y pecuaria, una agencia de las Naciones Unidas como es el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas – PMA tenga que hacer presencia distribuyendo alimentos a la población de escasos recursos económicos y a las comunidades indígenas como medida para mitigar el hambre. Esta situación que personalmente me parece vergonzosa, debe llevarnos a reflexionar frente a la forma en que se gestiona el desarrollo económico y social del Departamento. Considero que el Meta no debería ser un receptor de ayuda humanitaria, sino por el contrario ser donante de la misma, por ejemplo a través de alianzas con agencias de cooperación internacional y entidades sin ánimo de lucro que permita la producción, embalaje, transformación y distribución de alimentos, especialmente a regiones como Chocó y Guajira y países pobres como Haití, Etiopía, Somalia, Sierra Leona, Congo, etc., lo que salvaría millones de vidas de niños que mueren de hambre cada año y de paso se generaría empleo en nuestro Departamento.

El Departamento del Meta por desgracia ha contado con una clase dirigente mezquina, avara y desinteresada por la solución de los problemas de los ciudadanos. Afirmación que la historia política del Departamento en los últimos años demuestra; desde un empresario que incursionó en la política y resultó involucrado en hechos de corrupción; pasando por un experimentado contratista elegido para repartir contratos en la época de mayor bonanza petrolera, lo que resultó como poner el lobo a cuidar las ovejas; hasta un exsecuestrado desinformado, desactualizado y descontextualizado, elegido por la compasión de los votantes, que poco o nada le aportó al Departamento y que finalmente hereda el poder para tapar sus desaciertos, continuar ostentando el poder tras bambalinas y disponer de los recursos públicos para apalancar las próximas elecciones. (Lea también: ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para evitar la corrupción en Colombia?)

En lo que respecta a congresistas y senadores el panorama no es diferente, son los mismos personajes que se rotan los diferentes puestos de gobierno y representación movidos únicamente por satisfacer su codicia, tarea que se facilita puesto que la delgada línea que separa el presupuesto público del bolsillo de los políticos ha desaparecido. La clase política del Meta se ha convertido en un parásito enquistado en las instituciones, gozando de impunidad ya que como cualquier mafia organizada, se vale de toda clase de artimañas para evadir el cerco de la justicia y lograr perpetuarse en el poder.

La corrupción, el mal manejo de los recursos públicos, la complicidad, benevolencia y permisividad de los votantes hace que el ciclo de pobreza y subdesarrollo parezca no tener fin. Por lo tanto, está en manos de los ciudadanos exigir resultados reales a partir del aprovechamiento del potencial de la región, de tal forma que se traduzca en más y mejores ingresos para los hogares del Meta.

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