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La carretera del amor en Villavicencio, el crimen perfecto

Así nace la carretera del amor. La noticia de los trágicos amoríos del gerente del Banco Cafetero convulsionaron la sociedad Villavicense.

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Foto: @ViveElMeta

La sangre de Álvaro Parra, guerrillero lugarteniente de Guadalupe Salcedo, jefe rebelde liberal formó un charco macabro frente al Banco Cafetero en los años sesentas.

Vea también: Así se vestían los villavicenses en añejas épocas

Así lo recordó su gerente Carlos Benavides Carrillo aquella tarde frente a la ventana de su oficina a las seis, un viernes de 1967, y miró los orificios que dejaron las balas todavía incrustadas en la pared de lo que es hoy el Centro Comercial Marandúa de Villavicencio.

Un gallinazo blanco se empotró en el cable eléctrico y el gerente lo contempló como augurio de buena suerte, y antes de conducir su convertible rojo, el único de la ciudad, se cercioró de que Balaguera ya estuviera en el interior del Banco subiendo y bajando de piso introduciendo la llave cada 15 minutos en los cuatro relojes que indicaban que esa noche no se había quedado dormido y que el Banco estaba a salvo.

Sin embargo Balaguera se notaba angustiado, su mujer hacía un mes que le prohibía el gozo de sus encantos y hacía un mes que don Carlos Benavides Carrillo, hombre de buena presencia al decir de sus empleadas, le había cambiado el turno de trabajo como vigilante a Balaguera, hombre cumplidor de su trabajo.

Carlos Benavides cruzó la pequeña ciudad y se adentró por este camino veredal y ganadero, donde transitaban a esas horas y de vez en cuando algunos destartalados camiones con los trabajadores de las arroceras aledañas y el tránsito de uno que otro cazador furtivo de lapas y armadillos.

Conocí de niño y de madrugada esa carretera, por mi padre, solitario cazador furtivo y veía como varios automóviles se metían al bosque y dentro de ellos los amantes urbanos daban rienda suelta a su imaginación y a sus pasiones, desbordadas de amor ante la ausencia de amor de sus propias esposas, asiduas rezanderas de camándula en pecho y de recuerdos amorosos ingratos y olvidados.

Así nace la carretera del amor, hoy una hermosa avenida circunvalar que comunica esta gran ciudad con Bogotá.

La noche iluminó con sus estrellas los amoríos de don Carlos Benavides y de Julia del Socorro en un éxtasis pasional desbordado y sólo interrumpido por la explosión de 50 perdigones que se incrustaron en su cuerpo y que recordaron las balas asesinas de Álvaro Parra presagio del gallinazo blanco empotrado en los cables de la luz.

La noticia de los trágicos amoríos del gerente del Banco Cafetero convulsionaron la sociedad llanera pues sus mujeres entraron en pánico por las reiteradas ausencias de amor de sus maridos por aquellos días. Vea también: La desmemoriada Memoria Histórica de los villavicenses, preocupante patología colectiva

La primera sospecha del crimen recaía en Balaguera, el celador del Banco, y tuvo éste que exhibir en público los cuatro relojes que atestigüaban su inocencia y que juraban su amor virginal por su mujer.

Nunca se supo del asesino del gerente del Banco Cafetero de Villavicencio de aquella época ni mucho menos de quien disparó ocho días después en cautiverio contra Julia del Socorro esposa de Balaguera.

 

 

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