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Opinión

Hay janipa ¡vamos a la Ruta Turística del Porsiacaso!

“La dinámica económica que la cultura gastronómica genera en este recorrido tal vez no es comparable con ninguna otra en nuestro departamento”.

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Foto. @ViveElMeta

En esta segunda entrega de la serie de notas relativas al turismo metense me detendré para contar otra lectura personal a otro sector geográfico y a su marcada especialidad.

Tomando como punto de partida el área urbana villavicense, a usted que me lee le invito para que se ubique mentalmente en el monumento del Coleo rumbo a la municipalidad de Restrepo y luego pase el cercano puente sobre el río Guatiquía.

Desde ese sector de la margen izquierda del afluente que nace en la laguna de Chingaza comienza la ruta gastronómica que se prolonga hasta Cumaral, tanto en su área urbana como en el centro poblado de Guacavía. Son aproximadamente 21 kilómetros los que separan a la capital del departamento del territorio cumaraleño.

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Por varios meses he sido testigo del surgimiento al lado y lado de la carretera de un sin número de establecimientos de comercio que ofrecen variedad de deliciosos productos alimenticios con mucha clientela. Pocos sucumbieron a los severos impactos de la pandemia, así se nota a partir de la reactivación comercial.

Por simple observación por ese recorrido resulta notoria la presencia de restaurantes que venden mamona, sancochos de res y de gallina, también pescado. Así mismo se consiguen establecimientos especializados en postres, otros que en sus cartas incluyen platos del interior del  país y algunos de comida extranjera. En el área urbana de Restrepo frecuentadas son sus ventas del patrimonial pan de arroz, tungos y masato.

Aunque hay tramos de la vía sin restaurantes y asaderos, al realizar su conteo y en operación matemática confrontarlo con los veintiún kilómetros que distan entre los dos puntos extremos a lo mejor el promedio sorprenderá. Quizá la mayor concentración de estos establecimientos se da en Villavicencio en las zonas adyacentes a la glorieta del aeropuerto de Vanguardia con su monumento a las Arpas.

La activa dinámica económica que la cultura gastronómica genera semanal y mensualmente en este recorrido tal vez no es comparable con ninguna otra en nuestro departamento.

Al inventario de establecimientos que ofertan sus sazones hay que agregarle los aportes de estas empresas a la generación de empleo, también  los recaudos de la firma que a su cargo está el peaje de Puente Amarillo. Tres indicadores dignos de una investigación socioeconómica.

Desde la dimensión turística la ruta motivo de este artículo ha tenido dos nombres. Primero se le conoció como «ruta Salinera» por las minas de Upín localizadas en Restrepo, que por lo mismo la limitaba. A lo mejor por tal razón tiempo después la denominaron ruta del Piedemonte Llanero, así hoy se la conocemos.

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Como sistema ambiental de piedemonte el Meta tiene desde Barranca de Upía a Mesetas y parece que hasta Uribe sugiero que ahora dicho rumbo vial tenga nuevo bautizo. El sustento está en la enorme fortaleza que tiene a través de los 21 kilómetros incluyendo la tradicional venta de panelitas de leche con queso Siete cueros en el punto de “La horqueta” o desvío para el cumaraleño centro poblado de Veracruz.

Recurriendo al léxico propio de la sociedad llanera opino que debe llamarse Ruta Turística del Porsiacaso. Según el Diccionario Llanero del gran Hugo Mantilla Trejos la palabra  porsiacaso es sinónima de pollero que a su vez es un “talego de tela usado para cargar el bastimento o fiambre”.

Con este rescate de palabrería de la cultura regional podremos decir: ¡hay mucha janipa camine vamos a la Ruta Turística del Porsiacaso!

Ahora a  usted le corresponde indagar qué significa la voz indígena llanera janipa.

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